¿Por que los hombres hacen menos quehaceres que las mujeres?


Tocaremos un tema delicado en nuestra época, muy relacionado con la igualdad entre géneros. Bien sabemos que a lo largo de los años, las mujeres han logrado hacerse notar en muchos ámbitos a los que antes ni siquiera podría aspirar.

Antes no teníamos derecho a la educación, ni a votar, ni a trabajar. ¡Ni siquiera estaba bien visto que una mujer manejara bicicleta! Nuestras tareas se limitaban a la maternidad y el cuidado de un hogar, cosa que ha cambiado considerablemente gracias a personajes que lucharon por estos derechos.

Sin embargo, aún en nuestra época existen prejuicios que se han mantenido en el tiempo, y es precisamente sobre uno de los aspectos mencionados: los quehaceres.

Debemos reconocer que en comparación con otras épocas, los hombres del siglo XXI son mucho más adeptos a los quehaceres que los del siglo pasado. Ese estatuto de que la mujer debía servir al hombre se ha ido demoliendo poco a poco, y ahora muchos hombres asumen parte de estas responsabilidades, ya sea para sí mismos o dentro de una familia.

Pero lamentablemente, aún existe un sesgo social muy grande en este tema, incluso entre las mujeres. En general, solemos ver muy mal que una persona sea desordenada o que asee muy poco su hogar, pero sin lugar a dudas, si se trata de una mujer, las críticas son más duras.

Un equipo de investigadores se ha dado la tarea de estudiar el porqué de esta situación, y recientemente publicó sus hallazgos en la revista Sociological Methods & Research. Aquí te los explicamos.

Hombres y mujeres notan la limpieza y la suciedad por igual

El estudio reunió un total de 327 hombres y 295 mujeres de diferentes edades y también con diferentes historias. Un experimento consistió en hacerlos ver una foto de una pequeña sala de estar y área de cocina. Con esto, se quería saber si había diferencia en la forma en que los hombres y las mujeres percibían el desorden.

A un grupo aleatorio se les mostró una foto en la que se observaba el recinto con un aspecto desordenado con platos sucios en los mesones y ropa por doquier. Otro grupo aleatorio observó una imagen en la que se observaba la habitación mucho más ordenada. Cada uno de los participantes debió calificar el desorden que vio y la urgencia de limpieza a su propio criterio.

Como mencionamos anteriormente, en la cultura popular se espera que las mujeres tengan un mejor ojo para estas cosas, sin embargo en la dinámica se encontró que tanto hombres como mujeres consideraron el desorden de manera similar.

Es decir, todos calificaron la sala limpia como igualmente limpia, y la desordenada como igualmente desordenada, con lo cual queda más que claro que no es como pensábamos: los hombres no son ciegos ante la suciedad.

Casi todos juzgamos peor a las mujeres si no son impecables

Por lo general, se espera que kas mujeres sean mucho más limpias y ordenadas, y si no es así, son juzgadas con mayor dureza que los hombres.

Al comprobar que en efecto tanto hombres como mujeres calificaban la limpieza o el desorden igual, supusieron que este resultado se debe a la diferencia que hay entre las expectativas que se tienen de una mujer o de un hombre socialmente.

Por lo general, se espera que estas sean mucho más limpias y ordenadas, y si no es así, son juzgadas con mayor dureza, por lo que las mujeres parecen sentir mayor presión por cumplir estas expectativas y puede que esto las motive a hacer más quehaceres.

Para comprobar ello, hicieron otro experimento en el que se les especificaba de quién era el cuarto que veían en la foto, si de un hombre llamado John, o una mujer llamada Jennifer. Con base en ello, debieron calificar la personalidad de estas dos personas: responsabilidad, simpatía, consideración y negligencia según el nivel de limpieza en su entorno.

Los investigadores también les pidieron a los participantes que imaginaran cómo reaccionarían visitantes inesperados como amigos, familiares e incluso un jefe, al dueño o dueña del recinto de la foto.

Luego se les plantearon varios escenarios en los que John y Jennifer trabajaban a tiempo completo, vivían solos o estaban casados con hijos, o bien eran padres casados que se quedaban en casa, y su nivel de responsabilidad para con las tareas domésticas en cada uno de ellos.

Fue entonces cuando el equipo comprobó su hipótesis. Los participantes describieron al dueño de la habitación de manera diferente dependiendo de si se trataba de una mujer o un hombre, expresando mayores expectativas de limpieza en Jennifer que en John.

Cuando se les dijo que la habitación desordenada era de Jennifer, la mayoría, sin diferencias de sexo, la consideraron menos limpia y más propensa a inspirar opiniones desaprobatorias de los visitantes inesperados.

Estereotipos: los hombres son perezosos, las mujeres deben ser impecables

Los hombres son juzgados como perezosos si no hacen aseo, sin embargo, esto es algo que la mayoría de las personas parece esperar de ellos.

Pero antes de que muchos instintos “feminazis” empiecen a aflorar, es necesario resaltar algo entre los hallazgos. Tanto Jennifer como John recibieron críticas negativas por tener un cuarto desordenado. Jennifer era juzgada por ser menos limpia, mientras que John era considerado perezoso, lo que nos lleva a recordar que los hombres también son objeto de prejuicios.

John fue calificado más negativamente que Jennifer por su desorden, aunque la mayoría de los participantes consideró que esto inspiraría menos reacciones negativas a los visitantes de John que a los de Jennifer. Podemos interpretarlo como que es algo que esperaríamos de un hombre, por lo que el impacto no es tan fuerte en su caso.

En el último caso, se encontró que los participantes también esperaban que Jennifer tuviera la responsabilidad principal sobre la limpieza y los quehaceres del hogar, incluso cuando esta tuviera otras responsabilidades como un trabajo de tiempo completo y un esposo.

¿A las mujeres en verdad les gusta la limpieza, o suelen ser más limpias por presión social?

Algunas mujeres lo harán por amor a la limpieza, pero igual hay cierta presión social que las motiva a ser impecables para no dar mala impresión.

Seamos realistas: hacer los quehaceres es bastante pesado para la mayoría. Sin embargo, aunque sea una opinión muy generalizada, muchos lo harán más seguido que otros, ¿pero por qué?

Casi todos sentimos placer dentro de un entorno limpio, pero puede que haya mayor interés de sentirse así entre las mujeres. Sin embargo, este estudio ha demostrado que este supuesto carácter impecable que suelen tener muchas puede ser una consecuencia del miedo a ser juzgadas mal.

Luego de leer esto, muchos lo pensarán dos veces antes de juzgar a una mujer mal si llegan a su casa y está desordenada. Pero mejor que esto aplique a ambos géneros.

Referencias:

Good Housekeeping, Great Expectations: Gender and Housework Norms. https://www.doi.org/10.1177/0049124119852395



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