La técnica de Wim Hof, una forma de controlar nuestra respuesta al frío


Algunas personas parecen tener una resistencia increíble a temperaturas extremas, razón por la cual muchos pueden llegar a pensar que son seres superiores o con súperpoderes.

Sin embargo, existe la posibilidad de que estos hayan entrenado sus cerebros y cuerpos de modo que estos modificaran sus límites de modo que pudieran resistir mucho más las temperaturas extremas.

Partamos del hecho de la homeóstasis. Los organismos tienen una propiedad muy útil que les permite autorregularse internamente compartiendo materia o energía con el exterior para alcanzar un equilibrio fisiológico. Este resulta vital para la supervivencia y más aún para mantener su integridad física.

La homeóstasis funciona de la siguiente manera: los órganos captan información sensorial que será procesada por el cerebro, el cual los organizará de acuerdo a su prioridad para poder proceder con un plan de acción. Luego, envía las instrucciones al cuerpo para que lo ejecute.

Cuando el cuerpo se expone al frío, por ejemplo, se activan ciertos mecanismos cerebrales para garantizar que este se mantenga tibio y pueda seguir funcionando a pesar de las condiciones. Comenzará a disminuir el flujo de sangre hacia las extremidades y se activarán los músculos de capa profunda para producir calor.

Planteado de esta forma, parece que en la homeóstasis existe una fuerte relación entre los mecanismos fisiológicos y los mecanismos psicológicos. De hecho, ante los estímulos, nuestra respuesta no es solo física, también emocional. Por ejemplo, cuando sentimos frío pensamos que es desagradable, lo cual a su vez lleva a otra respuesta, como la de abrigarse o entrar a casa.

¿Cómo responde el cerebro ante el frío?

La zona en color rojo es el cerebro medio, ubicado dentro del cerebro humano.

Como hemos dicho hasta ahora, para mantener la homeóstasis el cerebro cuenta con un sistema con mecanismos bien jerarquizados en los que intervienen el cerebro medio y el hipotálamo. En los seres humanos, en la parte posterior del cerebro medio se encuentra un área llamada gris periacueductal que se encarga el control de los mensajes que se envían sobre el frío y el dolor al cuerpo.

El área gris periacueductal libera opioides y cannabinoides, dos sustancias químicas del cerebro que también tienen influencia en el estado de ánimo y la ansiedad, las cuales se envían al cerebro con neurotransmisores y al cuerpo a través de la vía descendente que suprime la experiencia del dolor y el frío.

Las redes primitivas de orden inferior evolucionaron antes que las regiones de orden superior, y las de orden inferior tienen mayor influencia sobre las de orden superior. Es por ello que cuando nos exponemos a frío extremo, se dificulta el pensamiento racional, y tratar de pensar en un ambiente más cálido no sería tan fácil puesto que la respuesta fisiológica (de orden inferior) es dominante sobre la psicológica (de orden superior).

¿Puede ser más influyente la respuesta psicológica que la fisiológica ante el frío?

Wim Hof antes de entrar a un escáner fMRI en el que se observaría su respuesta cerebral al exponerse a frío extremo.

Con lo dicho hasta ahora, queda claro que hay un orden tiene mayor peso que otro, lo cual puede ser letal en casos de hipotermia. De modo que algunos investigadores han evaluado la posibilidad de invertir estos mecanismos, haciendo que el cerebro pueda tener mayor influencia que el cuerpo.

Un estudio reciente realizado al “Hombre de hielo”, Wim Hof, un holandés de 57 años de edad conocido por sus capacidades para soportar períodos prolongas expuesto al frío extremo, e incluso de manera frecuente.

Hof obtuvo esta habilidad practicando una técnica basada en la combinación de respiración controlada (hiperventilación y retención de la respiración), exposición al frío y meditación. Esta se conoce coloquialmente como el Método Wim Hof. La respiración forzada junto con el frío juegan el papel de factores estresantes fisiológicos, y la meditación tiene que ver con el control psicológico.

Cuando individuos normales se exponen al frío, la temperatura del cuerpo cambia ante lo cual se activan los mecanismos homeostáticos. En cambio, cuando Hof se expuso a agua a 39 grados farenheit después de haber practicado su técnica, la temperatura de su piel no cambió ante el frío.

Cuando Hof se expone al frío, su cuerpo reacciona como intentando aliviar el dolor. Su respuesta fue activar la región gris periacueductal de su cerebro, ya mencionada como importante para regular el olor. De modo que su técnica parece darle más poder a su cerebro para lidiar con el frío regulando las vías del dolor.

Cuando se activa el área gris periacueductal, parece haber una disminución en la percepción del dolor y a su vez de la ansiedad. De esta forma, tal como mencionamos en al principio, al estar expuestos a fríos extremos, en lugar de dejar que nuestro cuerpo descontrolado influya en nuestra mente, dejaremos que nuestra mente tenga mayor peso. Así podríamos cambiar la dirección de la red homeostática liderada por el orden inferior.

La técnica de Wim Hof puede tener fuertes aplicaciones en el área de salud. Hasta el momento, se ha hablado mucho sobre el poder de nuestra mente, pero pocos saben que esta teoría parece tener evidencias científicas.

Esto a raíz de que es probable que los efectos del alivio generados ante la exposición al frío no solo liberará opioides o cannabinoides adicionales, sino que podría elevar los niveles de serotonina y la dopamina, dos hormonas asociadas a la sensación de bienestar general, que a su vez podría mejorar la respuesta inmune del cuerpo.

Referencias:

“Brain over body”–A study on the willful regulation of autonomic function during cold exposure. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1053811918300673?via%3Dihub



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